El sitio web del Hijo de la Viuda
El sitio web del Hijo de la Viuda
Este sitio web va dirigido a aquellos que conocen de El Camino, el Propósito, y del lugar del Hijo de la Viuda. Aquellos de El Camino y las diversas Hermandades de los Nazarenos que viven en diferentes lugares de la tierra, reconocerán el mensaje y las claves de este sitio web como una indicación y un recordatorio de su posición y propósito cuando el anunciado Fin de los Días llegue sobre la humanidad. También serán conscientes de la relevancia de la precisa concordancia de la revelación de estas palabras, en el momento del regreso de la luz, el Solsticio de Invierno, 21 de diciembre, 2.008. Los seguidores, asimismo, serán conscientes del mensaje que se incluye dentro del número del año cuyo número es diez, y su verdadero significado en el contexto de las palabras incluidas en los Siete Sellos, los cuales fueron abiertos por el Hijo de la Viuda en 1.997.
Ahora es tarde, por eso cercioraos de analizar lo que se proporciona aquí para aquellos con ojos para ver y con orejas para oír, de manera que no les quepa la menor duda de que El Camino se ha colocado ante ellos, por la séptima y última vez.
A aquellos que conocÉis...
Aquellos de vosotros que conozcáis de este tema, que seáis de El Camino y la Alianza, se os aconseja que leáis estas palabras de Josué Ben Miriam, el sexto Gran Señor del Velo, que profetizó la llegada del Hijo de la Viuda, que nacería en tiempos de una gran guerra y que sería el último Nazareno de su tiempo.
Casi ochenta generaciones han transcurrido desde que Josué Ben Miriam pronunciara estas palabras y las transmitiera dentro de los Siete Sellos, los cuales se abrieron en 1.997, mientras el último amanecer del Final de los Días se aproxima sobre la humanidad.
¿Cumplirás tu obligación para con El Camino y el Hijo de la Viuda? ¿Qué harás tú?
Si no conoces de esta materia, entonces ve hacia aquellos entre tus hermanos que posean conocimiento de ello, y sigue en El Camino como se te ha ordenado hacer. Si tus hermanos no conocen de El Camino y el Hijo de la Viuda, y han estado perdidos o apartados del Sagrado Propósito, entonces preparaos para la muerte y la destrucción que acontecerá al hombre en su estupidez y en el seguimiento de la ciega creencia en lo increíble.
El Séptimo Cordero se ha colocado ante ti al Final de los Días, y, tal como se profetizó, pocos le seguirán en razón. Muchos profesarán lealtad pero pocos respetarán su voto de servicio a ese noble Propósito que es la piedra angular de la existencia del hombre. ¿Qué harás tú?
Y María dijo a Jesús, “¿Importará entonces que seamos destruidos, o no?”
El Salvador dijo, “Todas las esencias, todas las formaciones, todas las criaturas, existen unas con otras, y serán reducidas a sus propias raíces; pues la esencia de la materia se reduce a las raíces de su propia esencia. El que posea orejas para oír, dejadle oír.”
Pedro le dijo, “Ya que nos has explicado todo, dinos también esto: ¿Cuál es el pecado del mundo?”
El Salvador dijo, “No hay pecado, pero sois vosotros quien cometéis un pecado cuando hacéis las cosas que son de la índole del adulterio, al cual se le llama ‘pecado’. Y esto sucede porque los Buenos llegan entre vosotros, en la esencia de cada especie, con el fin de restaurarla hasta su raíz.”
Entonces él continuó y dijo, “Es por eso que enfermas y mueres, pues si eres el único en ver, o si eres el que comprende en conocimiento, déjale que comprenda. La materia dio lugar a una pasión que no tiene igual, la cual procedió de alguna cosa que no es de la ley natural. Entonces allí aparece una perturbación en todo el cuerpo, nacida de algo que no se corresponde a la manera natural de las cosas. Fue por eso que te dije, ‘Sé valiente’, y si estás desanimado por cualquier razón o sin razón, aún animate por la presencia de las diferentes formas de la naturaleza. Aquél que posea orejas para oír, permitidle.”
Cuando el Bienaventurado hubo dicho esto, saludó a todos, diciendo, “¡La paz sea entre vosotros!” Recibid mi paz. Tened cuidado de que nadie os conduzca por el mal camino, diciendo, ‘¡Mira aquí!’ o ‘¡Mira allá!’ pues el Hijo del Hombre está dentro de vosotros, aunque pueda estar muerto.
“El Séptimo vendrá—no tengáis miedo—seguidle. Aquellos que le busquen le encontrarán. Id entonces y predicad el evangelio de su razón y mi razón. Habladles a todos del reino que finalmente llegará.
“No establezcáis ninguna regla más allá de lo que yo os designo—no interpretéis. Y no hagáis una ley como el legislador, no sea que os oprima. Toda ley es la sierva de la justicia. No lo soltéis, no sea que lleguéis a perderos en vuestro propio lodo.
“Y digo esto: el que vendrá después de mí en el Propósito nacerá en tiempos de una gran guerra, y su padre morirá mientras él esté siendo amamantado; y su madre permanecerá viuda. Ella sacrificará su vida por él, y por mí, y en el Propósito. Con certeza será exaltada entre las mujeres de todos los tiempos.
“Su número será diez, como ha sido profetizado; y su vida será una gran carga para él; y se enfrentará a grandes obstáculos, y conocerá mucho miedo y gran pérdida en sus tiempos.
“Dejad que quien posea orejas me oiga, como os pido a los que estéis entre los Hermanos y a aquellos que no sean de los Hermanos. ¿Quién de entre vosotros ceñirá su lomo con la piel de un cordero, y aguardará la llegada del Hijo de la Viuda?
“¿Quién de vosotros protegerá al Hijo de la Viuda, aunque le cueste su propia vida?
“¿Quién de vosotros dará refugio al Hijo de la Viuda?
“¿Quién venderá todo lo que tiene, y seguirá al Hijo de la Viuda, el cual viajará del este al oeste?
“¿Quién dará limosna al Hijo de la Viuda?
“¿Quién se atreverá a robar al Hijo de la Viuda, aunque sea de palabra o de pensamiento oculto? Si bien esto los hombres se lo harán por odio, por envidia, y por miedo a él.
“¿Quién albergará al Hijo de la Viuda, y guiará sus pasos lejos de sus asesinos?
“¿Quién le prestará ayuda cuando esté enfermo?
“¿Quién le protegerá cuando duerma?
“¿Quién le reconfortará en la oscuridad de su desesperación?
“¿Quién de entre las mujeres se unirá a él, y será su mujer, para que su sangre perdure para siempre sobre la tierra y más allá de la tierra, y así el hombre siempre conocerá de la bondad de su propósito y de mi propósito?
“¿Quién amará al Hijo de la Viuda?
“¿Quién arará los campos del Hijo de la Viuda?
“¿Quién venderá todo lo que tenga, y lo dará al Hijo de la Viuda?
“¿Quién se postrará ante el Hijo de la Viuda y suplicará sus deseos?
“¿Quién construirá los muros de la casa del Hijo de la Viuda?
“¿Quién tejará el tejado del Hijo de la Viuda?
“¿Quién herrará los caballos del Hijo de la Viuda?
“¿Quién dará una porción de todo lo que coseche al Hijo de la Viuda, de modo que éste pueda tener gloria, y no padecer hambre ni escasez en sus obligaciones?
“¿Quién limpiará el carruaje del Hijo de la Viuda?
“¿Quién limpiará los zapatos del Hijo de la Viuda?
“¿Quién alimentará a los hijos del Hijo de la Viuda?
“Quién sacrificará su vida para que el Hijo de la Viuda no pueda morir?
“¿Quién esconderá al Hijo de la Viuda cuando sus enemigos le busquen para matarlo?
“¿Quién se atreverá a intentar matar al Hijo de la Viuda?
“¿Quién saldrá y matará a los enemigos del Hijo de la Viuda, aunque les cueste su libertad, o su propia vida, o incluso las vidas de sus esposas y sus hijos? ¿Quién lo hará honorablemente?
“¿Quién se colocará y podrá tenerse en cuenta ante el trono de su máximo Gran Señor, el mayor de todos, que ha sido o que será ante los ojos de los hombres sobre la Tierra, o debajo de la tierra, o más allá de la tierra?
“En verdad os digo, bienaventurado será el que trate de hacer todo lo que sea respetable para el Hijo de la Viuda; y malditos serán todos los que buscarán su daño, pues con certeza morirán.
“No habrá nadie más grande sobre la faz de la tierra que el Hijo de la Viuda—no en sus tiempos ni en ningún tiempo—pues él es todo lo que el hombre tendrá para protegerse de la Bestia, y de la condena de si mismo y de su sangre. Bienaventurado sea él: y cuanto más los hombres le maldigan y le ultrajen, más bendecido será, y más exaltado será para siempre. Así sus esposas y sus hijos serán exaltados, aunque sus sagrados hermanos planearán contra él.
“Incluso sus amigos no serán dignos de confianza, y no conocerá paz del hombre, pues muchos se apartarán sutilmente de él, por su miedo a lo que no es verdadero, incluso aunque sabrán que sus palabras son verdaderas.
“En verdad, incluso aún digo, él será exaltado; y todo el que no se una a él y a su propósito será echado, y pisoteado bajo las ruedas de sus carruajes de gloria. Deja que cada cabeza se incline y cada corazón lata sólo por su exaltación—pues sólo de esta manera el hombre conocerá la salvación, y vivirá para siempre jamás.
“Su tiempo será breve entre los hombres, y serán tiempos de maldad, de engaño, y de horrores. Su corona será una corona de esperanza, lo que será como una señal para los hombres para aproximarse; su propósito—la salvación del hombre sobre la faz de la tierra. Escúchale, y préstale atención.
Cada una de sus lágrimas será contada, cada una de sus heridas, sean de palabra o de escritura, será registrada contra todos y entre todos los que les seguirán. No le abandonéis, pues nadie encontrará perdón.
“Cualquier cosa que el hombre haga al Hijo de la Viuda cuyo número será diez, será como si me lo hiciera a mí, y a todos los que han venido antes que yo en el Propósito. El hombre vivirá por esta salvación que se ha colocado ante él, o el hombre morirá por tal estupidez que le traerá su propia perdición.
“Antes del Final, cuando todo vaya bien, y al Final cuando todo sea miedo, muchos jurarán, pero pocos se atendrán a lo que jurarán. Tened la certeza de que vuestra falsedad será descubierta—y habrá fuerte disciplina para aquellos que jurarán falsamente y no seguirán El Camino en pureza, y en honor, y en la bondad del Propósito.
Oh Señores y Maestros, ¿no habrá ayuda para el Hijo de la Viuda cuando su hora y el final de la hora del hombre se encuentre al alcance de la mano? ¿Será su llegada, y todo lo que él representa, desperdiciada por aquella bestia abominable que reside en la oscuridad de la mente de los hombres? No dejes que así sea.
“Si él da la espalda a los hombres porque no encuentra a los suficientes buenos hombres para darle fuerza, o a bastantes buenas mujeres para ser sus esposas, entonces malditos sean todos los hombres; especialmente aquellos a quienes se ha aconsejado, y conocen mejor.
“La Fuerza de la Tierra os dará la espalda, y todo será oscuridad y muerte. Habrá pestilencia, y toda clase de maldición se derramará sobre el hombre, y así morirá. Escuchad con atención al Hijo de la Viuda, y inclinaos ante él, y trabajad con empeño en el Propósito hasta que no podáis trabajar más. Entonces trabajad incluso aún más.
“El Final estará cerca en sus tiempos, y llegará muy pronto sobre vosotros. No tendréis tiempo para comer ni para dormir, y vuestros corazones deberán latir sólo para él, y para mí, y para la Fuerza de la Tierra, y para el Propósito, el cual es grande ante todos los propósitos. Más vale que le deis soporte y muráis en su luz antes que morir en la oscuridad. Fijaos en el Hijo de la Viuda cuando venga—¡y su número será diez!”
Cuando dijo esto, partió y se fue a su lugar de muerte, donde estaba destinado a establecer la disponibilidad entre los Hermanos para el Séptimo a Venir.
Pero ellos estaban apenados. Lloraron desconsoladamente, diciendo, “¿cómo iremos a los Gentiles y rezaremos el evangelio del reino del Hijo del Hombre aún por venir? Si los creyentes no se abstuvieron de dañar a Jesús, ¿cómo se abstendrán de dañarnos a nosotros?, ¿y se abstendrán de dañar al que está por venir, en sus tiempos?”
Entonces María, la principal esposa de Jesús, se levantó, saludó a todos, y dijo a su hermanos, “No lloréis, y no os aflijáis ni estéis indecisos, pues su gracia estará plenamente con vosotros, y os protegerá hasta la llegada del Final de los Días. Sino más bien, alabemos su grandeza, pues nos ha preparado y nos ha hecho entre los nombres, pues hemos de prepararnos para el primero y el último a venir después de él.”
Cuando María hubo dicho esto, dirigió sus corazones hacia el bien del Propósito, y empezaron a discutir las palabras del Gran Señor.
Pedro dijo a María, “Hermana, sabemos que el Gran Señor te amó más a ti que a las demás mujeres. Dinos las palabras del Señor que recuerdes, que tú sepas pero que no sepamos, ni hayamos oído.”
María contestó, y dijo, “Lo que está oculto de vosotros yo os lo proclamaré.”
Y empezó a decirles estas palabras: “Yo”, dijo ella, “Yo vi al Señor en un sueño, y le dije, ‘Señor, te vi hoy en un sueño, pues mi mente vagaba lejos.’ Él contestó y me dijo, ‘Bienaventurada eres que no vacilaste cuando me viste—pues donde está la mente, está el tesoro. No importa lo lejos que vague, si ésta vaga dentro de la razón.’
“Yo le dije, ‘Señor, ¿cómo ve el que ve la visión—a través de la esencia, o ve a través del espíritu?’”.
Entonces su marido le respondió diciendo, “Él no ve a través de la esencia, ni a través del espíritu, pero por la mente que se encuentra en alguna parte entre los dos. Eso es lo que ve la visión, y es la mente que es consciente y la mente que no es consciente, que crea la visión y ve la visión. La mente que no es consciente crea la visión, y la mente que es consciente interpreta lo que la mente más profunda evoca.
“El verdadero visionario tiene una tercera mente incluso más profunda, y puede ver en realidad todo tipo de cosas que puede hacer que los otros lo vean como un loco o como un gran hombre. Muchos pueden temerle—pocos harán amistad con él—y quizás, como yo, una mujer pueda amarle, pero eso es todo.
“Los Portadores del Velo tienen esta mente más profunda, y ésta es la manera en que pueden curar, como tú has sido testigo del trabajo de mis manos con tus propios ojos. Verdaderamente te amo a ti, y a María, y a Sofía, y a mis hijos. Soy afortunado con todos vosotros que me ayudáis en el Propósito.”
Entonces, viendo la mirada de emoción sobre su cara, él le pidió de continuar.
Y la Magdalena dijo, “Yo te vi en mi sueño, y vi un hombre de negro sobre un caballo blanco, y a ti a su lado, y él sujetaba tu mano como un padre. Y tú sujetabas su mano también, como un padre con su querido hijo. Él tenía los cabellos blancos propios de la edad, y su caballo poseía fuego en sus ojos; y el hombre miraba con dolor, e iba un poco curvado hacia delante.
“Una mujer iba caminando al lado del caballo, y tenía el pelo negro, y la piel blanca, y era muy bonita. Tenía una mirada fría, manteniendo a todos alejados de él, incluso de ti, oh Señor. Parecía una mujer celosa, y él un hombre sumamente bondadoso.
“Y él me dijo, ‘María, ¿os gustaría que yo caminara mano a mano con vuestro marido en el Propósito? Y yo le dije que lo deseaba.
“Creció mi confusión, pues te vi sobre su caballo, y de pie en el suelo—aunque no te vi bajando; pero ahora, como te miro, te veo subiendo.
“Entonces me hablaste falsamente, y yo te pregunté, ‘¿Por qué mientes, pues me perteneces?’ Tu espíritu me contestó, y no tu boca. El espíritu contestó diciendo, ‘Yo te vi. Tú no me viste, ni me reconociste. Te serví como una prenda de vestir, y tú no me conociste.’ Cuando hubiste dicho esto, te fuiste, regocijándote plenamente.
“Y entonces llegué al tercer Poder, que estaba dentro del caballo blanco llamado Pestilencia.
El caballo apareció hablando al espíritu de la mujer. Cuestionaba al espíritu diciendo, ‘¿Adónde vas? ¿Estás destinado en maldad? Pero estás limitado: ¡no juzgues, pues mi jinete está por encima del juicio de todos los hombres, pues todos los hombres son incapaces de juzgar el juicio final!’
“Y su espíritu dijo, ‘¿Por qué me juzgas, aún cuando yo no te he juzgado ni a ti ni a él, ni al otro Cristo? Estaba aprisionada, aunque yo no he aprisionado. Nadie me reconoció, pero yo he reconocido que El Todo está siendo disuelto de mi marido ante mis ojos; ambos, sus cosas terrenales, y su espíritu.’
“Entonces mi espíritu se fue de mí como si él lo hubiera cogido de la mano, y así superó el tercer Poder como si no estuviera allí. Cuando mi espíritu hubo superado el tercer Poder, fue hacia arriba y vio el cuarto Poder, el cual tomó siete formas.
“La primera forma vino de la oscuridad; la segunda, pasión; la tercera, de la desesperanza; la cuarta, fuera de la muerte; la quinta, fuera de la deslealtad y la estupidez; la sexta llegó de la destrucción causada por la persecución del poder; la séptima es la sabiduría furiosa. El séptimo Poder emanó del oscuro jinete sobre el caballo blanco. Estos son los Siete Poderes de la Furia—y el séptimo es la Muerte.
“Los Poderes preguntaron al Séptimo, ‘¿De dónde vienes, esclavo de los hombres, o hacia dónde vas, conquistador del espacio?’
“Entonces él contestó, y dijo, ‘Lo que me aprisiona ha sido destruido, y lo que me rodea ha sido superado, y mi deseo ha terminado, y toda bondad ha muerto. De fuera del mundo yo fui liberado de un mundo, y soy una forma producida de una forma invisible, y de los grilletes del olvido, el cual es pasajero. Desde este momento alcanzaré el resto del tiempo, de la estación, del eón, en silencio—pues todos somos traicionados por el hombre.’”
Cuando María hubo dicho esto, se sumió en silencio, puesto que el Señor le había hablado hasta este punto.
Pero Andrés respondió, y dijo a los hermanos, “Decid cualquier cosa que deseéis decir sobre lo que ella ha dicho—Yo al menos no creo que el Señor dijera esto. Pues ciertamente estas enseñanzas son extrañas ideas.”
Pedro contestó, y habló sobre estas mismas cosas. Les cuestionó sobre el Señor. “¿Confió él realmente en esta mujer, aunque fuera su mujer, sin nuestro conocimiento, y no abiertamente? ¿Tenemos que cambiar y escucharla todos? ¿La prefería a ella antes que a nosotros?”
Entonces María lloró, y dijo a Pedro, “Mi hermano Pedro, ¿qué piensas? ¿Piensas que inventé esto en mi corazón, o que estoy mintiendo sobre el Señor, mi marido, quien se ha ido ahora a preparar El Camino, y yo debo seguir?”
Leví contestó y dijo a Pedro, “Pedro, has sido siempre irascible. Ahora te veo luchando contra la mujer, como con los adversarios. Pero si el señor la hizo su mujer, también la hizo merecedora. ¿Quién eres tú en realidad para rechazarla? Seguramente el Señor la conoce muy bien. Eso es porque la amó más a ella que a nosotros. Ella es una mujer, y nosotros somos un puñado de greñudos. Más bien, tengamos vergüenza, y vistámonos como el hombre perfecto, y aprendamos de él, como nos ordenó; y recemos el evangelio, no creando cualquier otra regla o otra ley más allá de lo que el Señor de los Nazarenos dijo.”
Cuando ella percibió todo lo que se le dijo, y todo lo que no se dijo, se despidió, y se fue para atender sus asuntos en esta materia durante un rato.
Y ellos empezaron a irse, para proclamar y rezar sobre lo que se les había enseñado.
Fin
La hora es tarde, y es como se profetizó. Extiende la palabra por la tierra en cada lengua conocida al hombre, que el Hijo de la Viuda está entre nosotros. Y la Palabra es Verdad, Conocimiento, Lógica y Razón; lo cual es El Camino. Pues El Camino es fácil, y sus cargas son leves.
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